 |
|
FRESONES Y SÁNDALO
Ya ha pasado un mes desde que se fue y, al igual que el invierno dijo adiós, las lágrimas vertidas, tan necesarias en su momento, se han secado y los recuerdos de tardes intensas bajo las sábanas deben arrinconarse para dejar paso a otros; y así ocurrió. Permítanme que les cuente cómo un nuevo día, vivo como la misma primavera, se abrió ante mí porque la vida, aunque creía imposible, continúa llena de sorpresas.
Haciendo limpieza encontré una tarjeta de socio de “El deseo de los sentidos”. Recuerdo el día que Jorge, en una de mis visitas al sex-shop, me habló de este exclusivo club erótico donde se puede dar rienda suelta a cualquier fantasía sexual y cuya primera característica significativa es el edificio en el que se sitúa; un rascacielos de cristal coronado por una cúpula cuyo ático había sido distribuido por los arquitectos para simular un ojo. No me negaréis que la idea es original porque hace alusión a uno de los sentidos presentes en una relación sexual: la vista. Aunque yo iría más allá, a las miradas: las primeras que te cautivan, las de deseo, las de amor, las del desamor… Y decidí que era hora de utilizarla.
Subida en un ascensor de cristal que recorre el fálico edificio por el exterior, vi cómo el atardecer vencía al día y la ciudad se resistía a ocultarse tras la oscuridad encendiendo sus luces. Me sentí reflejada y no sé si por la escena o el nerviosismo, sentí deseo.
En el vestíbulo para socios y tras introducir la tarjeta en un lector, se iluminó una pantalla con un gran ojo dibujado, logotipo del club, que me miró provocándome incertidumbre por tantas expectativas acumuladas, y una voz masculina maderada me dio la bienvenida tranquilizando mi ánimo. Atravesé la puerta y me encontré con una bifurcación de pasillos y tomé el de la derecha dispuesta a recorrer todo el perímetro fusiforme en busca del decorado que me estimulase porque a mi diestra se sucedían habitaciones, decoradas con un gusto exquisito, donde recrear fantasías como un aula de universidad, unas mazmorras, un cuarto oscuro de fotografía con su bombilla roja…

A mi izquierda una pared de cristales opacos no me permitían ver al otro lado cuando de repente se volvieron transparentes y una escena apareció ante mí: una mujer con corpiño de látex y botas de tacón de aguja, sometía a un hombre sobre una gran cama redonda…Y me sorprendí al mirar como cualquier voyeur. Ella estaba encima de la cama a horcajadas sobre él y con una mano bajo el tanga acariciaba el pene y con la otra su cara. Había ternura a pesar de ser una sumisión. Sin dejar de acariciarle liberó el falo y se inclinó para introducirlo en su boca y, como si de un helado se tratara, fue lamiéndolo con avidez y maestría mientras lo sujetaba con su mano derecha que, inquieta, subía y bajaba rítmicamente. Él bajó su brazo derecho y le cogió su mano izquierda con una mueca de placer en su rostro. Estaba claro, no eran actores; demasiada complicidad.
Sin dejar de mirar avancé hasta casi la comisura del ojo donde encontré la sala de realidad virtual y me pareció interesante o por lo menos intrigante. Me asomé y el hecho de que no hubiera nadie y que los amplios sillones reclinables parecían muy cómodos, me invitaron a probar. Me tumbé en uno encarado al globo ocular desde donde se podía seguir viendo a los amantes y cogí unos cascos con visera de realidad virtual que colgaban en uno de los brazos. Aunque a primera vista podían parecer incómodos, se adaptaron perfectamente a mi cabeza sin causarme molestia alguna. Le di al botón de mayor tamaño que encontré en el brazo derecho y ante mis ojos apareció el ya familiar logotipo y una frase
Bienvenida al simulador de sentidos interactivo
Haremos realidad sus fantasías y las…
Me pareció un pelín pretencioso… ¿mis fantasías?...con que me hicieran pasar un buen rato me conformaba… y sin esperar a más explicaciones, pulsé el botón de play y me acomodécomo si de un cine se tratara
Relájate, nosotros haremos el resto…
Unos fuertes golpes que me recordaron al latido de un corazón parecían llegar por todas partes y una melodía familiar comenzó a resonar …¡ “Say it right” de Nelly Furtado!. Una ligera desconfianza me asaltó porque era la canción que llevaba todo el día tarareando…¿sería casualidad? Al compás de la música unas ráfagas de arena aparecieron ante mis ojos y dibujaron formas en el aire hasta acumularse ondulantemente formando dos dunas en un desierto de arena.
Las elevaciones perfectamente trazadas me invitaron a tocarlas y alargué los brazos hasta que introduje una de mis manos en una. La arena cálida se me escapaba por entre los dedos y era tan suave que tracé unos surcos con los dedos que rápidamente recuperaron la tersura inicial. Bajé con lentitud por una de las pendientes hasta un valle pronunciado situado entre ambas y ascendí por la otra. La arena se fue acumulando en la parte alta de mi dedo pero no se dispersó. Al llegar a la cima abarqué toda la duna con mi mano abierta y como si estuvieran mis ojos en este punto, miré a mi alrededor y vi que las dunas se continuaban en su base con una planicie en cuyo centro se localizaba un pequeño sumidero y al fondo un oasis con abundante vegetación.
Me asomé al oscuro sumidero y no vislumbré el final. Caminando me dirigí hacia el oasis. El calor que me envolvía procedía de la arena y no del sol que parecía limitarse a iluminar a pesar de ser un desierto: era agradable.
El oasis estaba flanqueado por una vegetación alta, parecida a juncos, y sin apenas esfuerzo me abrí paso hasta el centro donde encontré una especie de pozo tapado por unas compuertas. Las abrí y dentro encontré otro par que me recordaron al juego de las muñecas rusas, pero cuando conseguí abrirlas, ya no había más compuertas sino una bola de cristal empañada. Debía frotarla para sacarle brillo y así lo hice con ambas manos. Una sensación placentera recorrió todo mi cuerpo y cuanto más la acariciaba, mejor me sentía. Un olor salvaje y muy atrayente me rodeó y convulsioné al ritmo de los latidos de la canción.
Todo se fundió en negro
Se encendió un foco iluminando una silueta femenina que al principio apenas podía distinguir porque estaba a contraluz y conforme se me fueron acostumbrando los ojos se fue aclarando la imagen. Vestía un vestido negro de tirantes tan corto que casi no tapaba ni los muslos ni los pechos que sobresalían por el escote, sobre el que descansaban algunos mechones de cabello negro liso cortado a estilo egipcio. Unos taconazos de aguja realzaban sus larguísimas piernas…No os lo creeréis pero a pesar de ser una desconocida algunos rasgos me resultaron familiares; esa piel tan blanca, esos ojos grandes, esa peca sobre el labio a lo “Marilin” …¡Era yo!...¡Guau, qué buena estaba!
Al compás de la música empecé a contonearme sin perder el equilibrio y a mover los brazos como si quisiera acercar algo a mi cuerpo, hasta tocarlo. Lo describí con las manos abiertas desde las axilas y lentamente pero con energía, descendí por la cintura hasta la cadera y los muslos. Me subí un poco el vestido ajustado hasta asomar el triángulo de lo que parecía ser un tanga, giré la cara hacia la derecha para ponerla de perfil y con un movimiento brusco, y sin retirar mi mano izquierda, subí la otra hasta abarcar con ella el seno derecho…;todo ello siguiendo la música. Caminé con pasos casi de modelo hasta un sofá de piel, chocolate, donde me esperaba una fuente de cristal llena de rojos fresones.
La boca se me hizo agua al verlos tan turgentes, tan rojos, tan jugosos. Con cuidado para no romperlos con mis largas y afiladas uñas, cogí uno y me lo acerqué a los labios y un fresco y dulce aroma me excitó las papilas que con insistencia me pidieron que lo introdujera, pero la lengua se me adelantó y con suavidad lo recorrí hasta fundirse mi saliva con su sabor. Mis labios, celosos de la escena, se apresuraron a tocarlo apresándolo con tanta fuerza que temí no aguantara la presión, pero en lugar de ello se volvió aún más terso cambiando de forma hasta recordarme a un hermoso glande.
Cambió la música y apareció un hombre escultural que vestido con una camiseta de tirantes negra y un pantalón ancho de lino del mismo color, se aproximó bailando muy masculinamente con movimientos fuertes pero bien calculados. Uf, me erizó el vello verle y le invité a que se acercara a compartir conmigo los fresones. Deseé que sus brazos de musculatura marcada, sin llegar a ser exagerados, me abrazaran pero se hizo de rogar y comenzó a hacer acrobacias perfilándose aún más sus fibras…Me estorbaba su camiseta y con un chasquido de mis dedos hice que desapareciera. Su torso desnudo no me decepcionó, más bien al contrario.
Por fin decidió acercarse.
Ver su torso brillante por el sudor que despedía un olor a sándalo, me excitó pero desistió mi invitación a compartir la baya.
De repente cambió el escenario y una playa caribeña apareció ante nosotros. Un mar de aguas azul turquesa rompía casi a nuestros pies y sentados sobre una inmensa tumbona bajo una sombrilla de cañas, contrastaban su pareo y mi minúsculo bañador de colores intensos con el blanco de la arena. Mi piel, ahora dorada, brillaba untada de aceite.
Me desató la parte de arriba del bikini dejando al descubierto mis senos bien bronceados. Los besó con avaricia y su pequeño bigotillo con perilla a juego me hicieron cosquillas y rompí a reír y él me siguió: era agradable su risa y ¡resonaba en estéreo!
Me reclinó sobre la tumbona y sus manos recorrieron mi cuerpo resbalando suavemente en busca de mis puntos erógenos con una precisión casi de neurocirujano descubriéndome un mundo que casi creía explorado, hasta que me llevaron al orgasmo ¡y sin tocarme los genitales! y como si leyera mi mente, introdujo sus dedos por debajo del bikini con tanta delicadeza que me sentí relajada, el trozo de tela desapareció como por arte de magia, y tan sólo el roce de sus yemas en mi vulva hinchada me hicieron estremecer.
Por debajo del pareo luchaba su verga erecta por hacerse paso al exterior, accedí a ella y la apreté con fuerza
Para mi sorpresa reaparecieron los fresones aún más sugerentes y cogí uno pero cuando lo aproximé a mi boca la pulpa se transformó en unos turgentes y encarnados labios femeninos que, con una decisión inusitada, se liberaron de mis dedos y volando aterrizaron en mi clítoris, con el que jugaron ávidamente.
Mi cuerpo dejó de hacer caso a mi voluntad y mi mano, completamente autónoma, tiró del pene hasta enfrentarlo con mi vagina que penetró con facilidad. El pareo se desató y deslizó hasta la arena y, como si se tratara de una señal de salida, comenzamos a bailar al ritmo del reague de Bob Marley con embestidas que fueron aumentando en intensidad. Sus jugosos labios y su carnosa lengua con sabor a ron, besaron mi boca, mi cuello, mis orejas… y una corriente placentera recorrió todo mi cuerpo.
Alargó la mano hasta el cuenco y uno de los fresones se transformó en un dildo bien lubricado y lo introdujo por mi ano.
No me quedaban más terminaciones que excitar y me abandoné al mayor de los clímax que jamás había experimentado que me transportaron a un mundo lleno de intensidad…y un atardecer naranja brillante iluminó el cielo y nuestros cuerpos sudorosos.
Su cara se contrajo en una mueca de placer y sus ojos brillaron…
Todo cesó y como si flotara en el mar, el sueño me fue meciendo…
No sé cuánto tiempo transcurrió pero cuando me desperté del sueño reparador y me quité los cascos, todo estaba en silencio y con una luz tenue. Sin moverme esperé a que mis ojos se acostumbraran sin abandonar esa sensación de flotar mecida por las nubes.
El sillón ahora era una superficie horizontal semejante a una cama, con los brazos plegados hacia abajo.
Lo primero que comprobé es que estaba vestida y me alcé aunque con cierta dificultad porque sentía débiles los brazos y las piernas y me estiré la ropa. La falda estaba húmeda y toqué el tanga que completamente mojado era la prueba de que había disfrutado.
Con una sonrisa me arreglé el peinado con los dedos cuando de reojo vi algo que me llamó la atención y me giré con rapidez para asegurarme…¡un cuenco con fresones! Me acerqué y encontré a su lado una nota con aroma a sándalo: Gracias, tenía escrito
-¿Qué ha pasado aquí?- dije en voz alta y me acerqué la mano a la boca. Olía a lubricante vaginal, a saliva y a… ¡semen!
Una serie de interrogantes me asaltaron: ¿Fue real? ¿Existe una única realidad? ¿ o son varias paralelas?...
Sea como fuere, aquí me tenéis vistiéndome para volver al club en busca del caballero con olor a sándalo, de la mujer de sensuales labios o de otra emoción fuerte… ¿No haríais lo mismo?
Cristina G.M.
Publi: Sexólogos Valencia Psicólogos Valencia
|
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
| |
Certificado de Adecuación
|
|
 |
 |
 |
 |
|