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14 Oct, 2008 - 01:24 AM
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APERITIVO ARDIENTE Creo que todos los relatos tienen una parte de verdad y otra de fantasía que les permiten ser creíbles y atractivos al mismo tiempo. ¿Habéis visto esos anuncios que nos cuentan que tras una encuesta realizada entre una muestra de población el sabor que triunfó fue x? pues me apunté a una de esas empresas de estudio de mercado y me llamaron para hacer una cata de magdalenas. No es la bebida del verano, pero me pareció interesante la experiencia así que cogí mi coche y me presenté en el edificio de ladrillo rojo, donde me indicaron que debía esperar en una pequeña sala hasta que nos llamaran a todos. Allí había unas diez sillas, una mesita y un hombre leyendo un periódico. Tras el consabido saludo, me senté y me dispuse a mirar las paredes blancas en busca de algún cartel para leer, cuando entró un chico, oí su saludo y se sentó lo que aproveché para mirarle. ¡Qué ojos! Nunca me había sentido atrapada por una mirada y baje la mía aunque deseaba seguir mirándole. Nos dirigimos a una sala de conferencias donde nos fueron nombrando y me enteré de que se llamaba Daniel. Nos explicaron qué debíamos valorar del producto que nos iban a presentar y confieso que a penas podía prestar atención, aunque lo intentaba, porque sentía su mirada desnudándome ¿o era mi imaginación? Ya en la sala de catas, nos distribuyeron en habitáculos individuales repartidos en dos filas enfrentadas y separadas por un pasillo central. Cada cubículo estaba constituido por tres paredes blancas de madera, una silla y una repisa a modo de mesa en la que se apoyaban un monitor con el logotipo de la empresa, un teclado y un vaso de plástico lleno de agua. El silencio era increíble sólo roto por los pasos de dos personas que caminaban a nuestro alrededor preparando las muestras. Se abrió una portezuela delante de mí y ¡sorpresa! estaba en el habitáculo de enfrente. Nos dejaron un plato con una magdalena recubierta de pepitas de chocolate, nada sugerente, y nos cerraron las portezuelas para que comenzáramos a contestar a ciertas preguntas que aparecían en la pantalla del ordenador, al tiempo que te invitaban a darle pequeños pellizcos y a probarlos. Cuando terminó el primer “interrogatorio”, apareció una leyenda pidiendo que abriera la portezuela para que pudieran dejarme la segunda muestra y la abrí rápidamente con la esperanza de volver a verle y ahí estaba bebiendo agua en un vaso de plástico. La segunda magdalena tenía mejor aspecto y me lancé veloz a contestar el cuestionario con la esperanza de volver a verle y en un tiempo récord terminé y abrí. Tuve que esperar unos minutos que se me hicieron interminables hasta que la abrió: tenía una miga en la comisura de los labios y deseé quitársela con mi lengua… se me quedó mirando fijamente y con la suya se la quitó como si me leyera el pensamiento…. Uf, me ruboricé. Al final de la tercera, me sonrió y cucó un ojo. Y por fin el cuestionario final sobre preferencia. Salimos en orden y se las ingenió para ponerse a mi lado. -Hola, te invito a un café- me dijo con una gran determinación Y nos encaminamos a la cafetería de un hotel próximo. -¿Qué te ha parecido la cata? Ya sé que era una pregunta tonta, pero estaba tan nerviosa que necesitaba romper el hielo como fuera -No ha estado mal -… Bueno, tras unos minutos de conversación aséptica en la que saqué en claro que era fotógrafo de un periódico, mi cuerpo empezó a relajarse, a sentirse cómodo y a coquetear. Se levantó para pedir otro café y pude verle con calma: era muy joven y delgado, aunque no demasiado. Iba vestido con una camiseta, unos pantalones vaqueros piratas y unas zapatillas de deporte años 20 ó 40. -¿Te gusta lo que ves?-me preguntó interrumpiendo mis pensamientos. - Bastante, ya lo creo Y antes de sentarse se inclinó y me dio un beso suave en la mejilla que me provocó una oleada de corrientes que me recorrieron el cuerpo. - ¿Qué libro estás leyendo ahora? ¡Vaya cambio de tercio! Tuve que esforzarme para centrarme en la pregunta - Una novela policíaca- acerté a decir- ¿Y tú? Con una mano me retiró el pelo de la cara. Todo el cuerpo empezó a temblar y me ruboricé -Ninguno, intento vivir la vida con intensidad… y perdería tiempo leyendo -Eres muy joven y la juventud conlleva impaciencia ¿Qué buscas en la vida?-le pregunté. -Pasarlo bien Empecé a sentirme presa de un nerviosismo extraño y una ligera opresión en mi vejiga me indicó que debía ir al aseo -Ahora vuelvo Ya en la puerta, noté una mano en mi hombro. -¿Puedo entrar contigo? Asentí con la cabeza. Me empujó ligeramente y cerró la puerta -Hola- me dijo casi al oído Me besó y sin dejar que sus labios se alejaran de los míos, me abalancé y le rodeé el cuello con mis brazos hasta que nuestros cuerpos estuvieron tan pegados que sentí como su pene se endurecía por debajo de la ropa. Recorrió mi cuerpo por encima de la ropa, me besó en el cuello ylamió mi oreja. - Ummmmm…. ¡Ah!Me sobresalté cuando se apagó la luz. - Tranquila… y me besó en la mejilla. Metió sus manos por debajo de mi camiseta y desabrochó el sujetador dejando libres mis pechos que empezó a acariciar. Hice algo parecido y le acaricié el torso por debajo de su ropa: Su piel era suave y cálida y por el movimiento de sus brazos se marcaban los músculos por encima de las costillas. Se retiró e inclinó un poco para poder meterse en la boca mi pezón izquierdo sin dejar de sujetar con ambas manos mis senos y empezó a mover su lengua…Gemí de placer -Qué bien hechas están Esas palabras y la oscuridad liberaron algo hasta ahora desconocido para mí y con un instinto salvaje le agarré por el final de la camiseta y se la quité de golpe, con tanta fuerza que casi la rompo, le desabroché el cinturón y el botón del pantalón y cogiendo tanto la cintura del vaquero como el calzoncillo, tiré hacia abajo como si pelara un conejo, dejando al descubierto un pene erecto. -Me gusta que seas una fiera. Tócalo y verás cómo me lo has puesto Hinqué una rodilla en el suelo para tener un acceso de mi agrado, le agarré el miembro con una mano y con la lengua lo inspeccioné acariciándolo primero, rebozándolo de saliva después. -Cómetelo, me suplicó Y le hice caso… A penas me cabía en la boca y como pude comencé a moverme para hacerle una felación. Cuando consideré que ya era suficiente, me incorporé, desabroché mi pantalón y los bajé junto con las bragas. Me puse de espaldas de modo que su pene tocara mi culo, me recliné un poco en su pecho, le cogí la mano y la acerqué hasta mi vulva. -Ahora me toca a mí, dije con tono autoritario Metió un momento un dedo en mi vagina húmeda y lleno de fluido, lo acercó al clítoris y empezó a acariciarlo al tiempo que frotaba su sexo contra mis nalgas, hasta que noté que un orgasmo increíble se apoderaba de mí a modo de oleadas de contracción salvajes. Le besé girando el cuello, me separé e inclinándome ligeramente, cogí su pene y lo dirigí hacia la vagina, pero me frenó. -Como aperitivo no ha estado mal- Me susurró- Vistámonos
Salimos del aseo y, tras pagar, nos dirigimos a su moto emprendiendo un viaje a… Pero esa es otra historia que ya os contaré otro día.
Cristina G. M. |
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