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UNA NOCHEVIEJA DIFERENTE
Como me dijo un amigo, las navidades tienen una fuerte carga emocional que no nos resulta indiferente. Para mí eran tristes y aburridas.
El año pasado conseguí zafarme de los compromisos familiares y partir a un destino para VIVIR todo aquello que se me presentara.
Llevaba unos días en tierras cubanas y ya había superado el desfase horario, me había acostumbrado al clima tan opuesto al de mi tierra en esas fechas, y había intentado integrarme en sus costumbres como la comida, etc., incluidos, como no, los mojitos y daiquiris en lugares turísticos como la Bodeguita del Medio, la Floridita… y pensé en la noche de fin de año que coincide con la llegada de la “revolución cubana” y que celebran de varias formas como echando agua por las ventanas para alejar lo negativo.
El día de nochevieja me levanté con ganas de perderme por las calles de la Habana sin las prisas del guía de la excursión así que me excusé y decidí adentrarme en la parte antigua con la simple compañía de un plano.
Como el hotel estaba alejado de esa parte de la ciudad, cogí un coco- taxi: Me encantan porque me ponen la carne de gallina cuando arrancan con esa mezcla de sonido de vespa sin refinar y el viento sobre la cara, dando la impresión de que van a despegar.
“La moto amarilla con asientos” me dejó cerca de la plaza de San Francisco en la que los vehículos a motor se sustituyen por coches de caballos cuyos cascos resuenan al golpear el adoquinado.
Ya en sus calles me dejé envolver por todo el entorno de preciosos edificios restaurados integrados con otros que necesitaban arreglos como una capa de pintura. El suelo adoquinado me ofrecía una cierta dificultad a la hora de caminar pero conseguí no darle mayor importancia. La temperatura cálida y el sol, me acariciaban la piel blanca ya desacostumbrada al sol y el aroma me resultaba muy agradable, mezcla de salitre y de guisos
Entre todo lo que más me llamó la atención de Cuba, fueron la forma como viven sus gentes que invaden las calles como antiguamente hacían en mi pueblo en verano y que lamentablemente se perdió con la llegada de la televisión, y la alegría que transmiten a todos los que les visitamos con palabras agradables sea cual sea nuestro físico, edad y sexo (bueno, más a las mujeres) y que nada tienen que ver con lo que leí en una guía que vendía la Habana como la ciudad de la intimidad y de las sombras.
Siguiendo el mapa, me acerqué a la plaza de la Habana vieja y de allí, por sus callejuelas, a la plaza de la catedral cuyo bullicio por los preparativos para el fin de año, me invitó a resguardarme en la zona de los soportales y observar como la gente bailaba al son de la música que suena en las pruebas de sonido…No sé cuánto tiempo estuve pero la sed me sugirió que podía ir a tomar un mojito y la Bodeguita del Medio se encuentra cerca así que me encaminé por otro callejón empedrado hasta que la encontré…
- ¿Qué desea la señorita? Un cubano morenazo me atendió
- Un mojito, por favor
- …
Un ligero mareo y la sensación de que mi cuerpo flotaba fueron indicativos de que ya me estaban haciendo efecto
- ¿Cuánto te debo?
- Han sido tres…
Le pagué y salí en busca de un paladar que me habían recomendado y que no se encontraba lejos de allí, donde comí la comida criolla típica.
Decidí visitar el museo de la revolución, el Capitolio y la embajada española cuando al girar una esquina me encontré con una niña con un uniforme escolar compuesto por una camisa blanca y una falda de color amarillo mostaza que me saludó de forma muy simpática
- Hola- me dijo con unos enormes ojos marrones y una sonrisa inocente
- Hola, ¿te vas al cole?
- Sí, estoy esperando a mi hermano ¿de dónde eres?
- Soy española
- Mi bisabuelo era español. Cuando sea mayor iré a España
- Claro que sí
Quiero pensar que fue porque me resultó agradable y no por el “instinto navideño”, decidí regalarle algo: rebusqué en mi bolso y como no me quedaban chucherías, le di el pañuelo de color azul que llevaba alrededor del cuello.
- ¿Qué se dice, señorita?- Oí una voz masculina a mi espalda
Me giré y vi a un chico, de unos 25 años, alto de piel tostada, moreno y con unos ojos grandes y marrones
- Muchas gracias.
- Hola, me llamo Santi y soy hermano de Maria.
La niña se acercó a su hermano y al oído le dijo algo y él asintió
- Nos gustaría, si no tiene otro plan, que cenara esta noche con nosotros.
Y sin a penas pensármelo, acepté.
Nos despedimos y decidí que la parte de la Habana que pensaba ver, ya la visitaría otro día así que me encaminé al Malecón y paseando me dirigí hacia el hotel Habana libre. Fue un paseo largo pero muy agradable con el mar a mi derecha y los edificios descuidados con hermosas columnas a la izquierda.
Cuando faltaban unos 20 minutos para la hora convenida, cogí un taxi: un coche de los años 30 que me acercó hasta la plaza de San Francisco, donde me esperaban Santi y María con su pañuelo anudado al cuello.
-Hola.
Besé a la niña en ambas mejillas y a Santi le tendí la mano.
- Me ha besado en las dos mejillas- dijo la niña riendo.
Ante mi perplejidad me explicó que allí la costumbre es un solo beso.
- Cenaremos nosotros tres y mi madre porque desde que murió mi padre y mi hermano no ha querido celebrar este día con nadie más.
- Oye, que si va a incomodar a tu madre mi presencia, me voy
- Tranquila, le agrada mucho la idea porque hacía tiempo que no veíamos a María tan ilusionada…Han sido malos tiempos.
Me cogí de su brazo para poder caminar con los zapatos de salón rojos con tacón de aguja que me puse y que no eran nada apropiados para el firme de esas calles.
Cuando llegamos a la casa, una escalera desconchada y algo maltrecha, nos condujo a una sala en penumbra donde estaba dispuesta una mesa larga rodeada de sillas.
- Ésta es mi madre.
- Encantada.
Y le di un beso mientras miraba a María. Las dos empezamos a reír. La mirada de la madre ante la escena era pura ternura
- Estará hambrienta señorita
- No me hable de usted, por favor, vamos a compartir una cena muy entrañable y ya me siento como de la familia
Nos sentamos a degustar los manjares: Picadillo acompañado de moros y cristianos, pollo a la criolla, fruta y un dulce que a penas probé porque ya no me entraba nada de comida. Reímos y hablamos sin parar
- Siento no haberte podido ofrecer una cena como la de los hoteles con langosta y turrón de tu tierra- me dijo la madre.
- Ninguna cena me habría gustado más.-Y le cogí la mano en señal de agradecimiento.
Las horas fueron pasando y María empezó a dormirse.
- María, vayámonos a la cama- dijo la madre
La niña protestó pero se levantó y me beso en la mejilla
- Mañana vendré a verte- Le susurré al oído y se metieron en una habitación contigua a la sala.
- Faltan unos minutos para las 12 ¿salimos?- me preguntó Santi.
La noche seguía siendo cálida e inusualmente en calma hasta que las ventanas se abrieron y el agua cayó a la calle golpeando el empedrado.
- Ya es año nuevo- dije
- Felicidades cariño. Me rodeó con sus brazos y me besó en los labios y… ¡Zas!, nos cayó agua de golpe… Con la emoción del momento no reparamos en que sobre nuestras cabezas una ventana se abrió y un deseo de alejar la negatividad nos empapó.
Tras la sorpresa, reímos y nos miramos…estábamos tan mojados que la ropa se pegó a nuestros cuerpos marcando cada parte de nuestra anatomía como si de una segunda piel se tratara.
- ¡Eres la cosita más linda y bien formadita que he visto!- me dijo con su acento cubano.
- Tú tampoco estás nada mal.
Pero entonces reparé en que no me había puesto sujetador debajo de la camiseta de lycra y mi pecho se trasparentaba sin ninguna dificultad…Sentí vergüenza y me tapé con los brazos cruzados.
Se acercó y me besó en la mejilla con suavidad cogiéndome la cara con ambas manos.
Me puse tan colorada que estallé en una risa nerviosa, pero él, en lugar de enfadarse, con una mirada tierna, me besó en los labios y poco a poco me fui relajando y bajando los brazos hasta que terminé rodeando su cuerpo en un abrazo.
Nuestras lenguas iban y venían por el interior de nuestras bocas y nuestros cuerpos se acercaron más y más hasta que pude sentir su pene erecto a la altura de mi pubis.
Metió las manos por debajo de la falda y cogió mis nalgas con fuerza acercándome aún más a su cuerpo y empezamos a bailar una bachata imaginaria frotando nuestros sexos.
Sin mediar palabra, me cogió de la mano, entramos en el edificio, subimos la escalera y, a través de pasillos, me llevó hasta su habitación con una luz tenue amarillenta, en la que había una cama pequeña, una mesa con un flexo y una silla.
Le empujé para que se sentara en la cama y sin dejar de moverme al compás de una música imaginaria, hice un streptease: contorneándome me acaricié los pechos por encima de la ropa y fui bajando una mano hasta acariciar mi sexo por encima de la falda…Me fui quitando poco a poco la camiseta mojada y se la arrojé. Me acaricié los pechos fríos armados con pezones muy erectos y fui bajando la cremallera de la falda que con un leve movimiento de caderas conseguí que resbalara por mis piernas hasta dejar al descubierto un tanga negro que a penas cubría mi vello púbico.
- No te quites los zapatos- me suplicó.
Con una mano empecé a acariciarme por encima del triángulo de tela mientras que con la otra no dejaba de masajearme los senos.
Me giré dándole la espalda y me recliné mostrándole mi culo redondo y respingón que fui acariciando desde delante hacia atrás metiendo mi dedo corazón en la vagina húmeda y dilatada retirando como podía la tirilla del tanga y cuando ya estaba suficientemente excitada, me levanté y ya frente a él, me quité el tanga lleno de líquido vaginal.
Me abalancé sobre él y sentada a horcajadas sobre sus piernas, le besé y tras quitarle la camiseta, le empujé. Ya tumbado le bajé la cremallera de los pantalones pero como así no podía quitárselos, me levanté y tiré de ellos por el final de los camales.
El calzoncillo aprisionaba el pene así que lo liberé de su yugo.
¿Cómo podía resistirme a lamer ese fantástico falo? Recliné mi cuerpo hasta que mi lengua pudo lamer su glande, pero para saborearlo mejor, lo metí en la boca y lo ensalivé bien. Como mi cabello largo y suelto le impedía la visión, Santi lo retiró con la mano, me sonrió tiernamente, y cuando pude vencer mi vergüenza, me dispuse a masturbarle al tiempo que con una mano lo sujetaba y acompañaba en el movimiento de ascenso y descenso y con la otra le acariciaba los testículos.
- Hemos celebrado la nochevieja cubana, ahora te voy a enseñar cómo la celebramos en España aunque con variantes porque allí es típico comer un granito de uva con cada una de las doce campanadas de la media noche y aquí no tenemos y ya pasan algunos minutos. Éste lápiz me servirá- le dije.
Me recliné sobre la mesa y mostrándole mi vagina excitada, le invité a que me penetrara.
- Um, qué húmeda estás…espera que me ponga el preservativo.
Nunca me había parecido tan excitante ver a un hombre enfundarse un condón.
- Ya estoy preparado…
- Perfecto, aquí viene la primera campanada.
Con el lápiz golpeé la parte metálica del flexo (Toc) y con el dedo le señalé la entrada a mi vagina que penetró con decisión.
- Ummmm- y le indiqué que parara.
Toc y dejé que me penetrara de nuevo una sola vez.
- ¡Qué gusto!- exclamé.
-Sí…
Toc y sonrió dándome a entender que había comprendido el juego.
- Uffffffff
-Ufffffff
Toc y la embestida fue más vigorosa.
- ¡Qué placer!
-Ayyyyyyyy
Toc y me cogió las nalgas.
-Aaaaaaaahhhh
- ¡Qué culo!
Toc
- ¡Qué bueno!
-Uffffff
Toc…
-¡Más fuerte!
- Sí cariño.
Toc…
- Así, así…
- ¡Qué caliente y húmeda está!
Toc…
- ¡Qué bien lo haces!
- ¡Lo tengo como agua para chocolate!
Toc…
- Ummmmmmm
- Oooooohhhhh- exclamó excitado.
Toc…
- ¡Es increíble!
- Te quiero mi vida- me dijo susurrando.
Toc…
- Ummmmm,¡Qué doce penetraciones más buenas…! ¡Feliz año, cariño!
Cuando me oyó decir esto incrementó la frecuencia, sin aflojar la intensidad, hasta que eyaculó mientras movía mis caderas.
- ¡Feliz año, mi amor! -Gritó.
Cuando retiró su pene deslizó el preservativo y me acercó una silla.
- Pon aquí un pie, sin quitarte los zapatos y apoya tu culo en el respaldo. Ábrete bien…
Y me lamió el clítoris al tiempo que introdujo dos dedos en la vagina dilatada….El orgasmo fue intensísimo.
- Aaaaaaahhhhhhhhhh ¡Para, para!
No podía tenerme en pie por la relajación y la felicidad que sentí.
Me besó y en brazos me metió en la cama y con un beso en cada empeine, me quitó los zapatos muy suavemente. Me tapó y sentado en la silla delante de mí, me miró cariñosamente hasta que me dormí.
A la mañana siguiente el ruido de platos, de pasitos nerviosos y la risa de María, me despertaron.
Con el cabello enmarañado y vestida con la ropa de la noche anterior, salí de la habitación donde todos me esperaban con el desayuno en la mesa y un árbol de navidad improvisado hecho con una ramita de árbol rodeada por el pañuelo azul….Una lágrima de felicidad se deslizó por mi mejilla.
Tras el desayuno volví al hotel para recoger mis cosas y quedarme con ellos hasta mi partida. Ese día, dejé en la habitación, sobre la cama, el tanga con mi olor y los zapatos rojos de tacón de aguja.
Estoy en España ultimando el papeleo para regresar con Santi y esa familia que consiguió que cambiara mi opinión sobre la Navidad.
Cristina G.M.
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Certificado de Adecuación
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