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CONFERENCIA CORPORACIÓN TRÉBOL
Era un hermoso día de primavera…dejémonos de historias romanticoides… era un día que prometía ser tan monótono y predecible como cualquier otro: despertador, ducha, desayuno rápido, atasco de ida al trabajo, ordenador, descanso para almorzar, otro atasco a la vuelta, comida, supermercado, gimnasio, cena, tele y a dormir. Así que enfilé el día con el poco entusiasmo de siempre.
La temperatura en la oficina era un poco fría, acorde con el color blanco y gris de paredes y mesas, y decidí no quitarme la chaqueta que llevaba encima de la blusa cruzada. Ya sentada y como una autómata, encendí el ordenador, abrí la ventana “tareas” y comencé a leer distraídamente, cuando una frase me llamó la atención
“…representar los intereses de nuestra empresa…”
¡Esto es nuevo! y empecé de nuevo
“A las 11.00 h. comenzará en el palacio de congresos la conferencia organizada por la Corporación Trébol para presentar su nuevo programa de gestión empresarial, requiriéndose su presencia, como experta en informática, para representar los intereses de nuestra empresa”
Siempre había deseado cambiar la rutina y reconozco que me agradó la oportunidad porque envidiaba a los representantes de ventas que se pasan el día en la calle y de comidas de trabajo.
Hasta las 10.00 h. me concentré en mi trabajo pero durante el descanso para almorzar, cierta mezcla de nervios y entusiasmo se apoderó de mí: ¡A mí! ¡Me lo habían ofrecido a mí! y no a otros compañeros que consideraba mejor preparados… Se me escapó un pequeño grito de emoción y me fui al aseo para retocar el maquillaje, peinarme… y tras terminar, me miré al espejo y me gustó ver la mezcla de elegancia, que me daba el traje de chaqueta, y luminosidad, de mi cara radiante.
A las 11.00 h. estaba rodeada de mujeres y hombres trajeados sentados como yo delante de ordenadores con el mismo salvapantallas: un trébol de colores; y todos orientados hacia una especie de escenario donde había una mesa, tres ponentes y una pantalla inmensa. Uno de ellos se levantó, se presentó y comenzó a disertar sobre las ventajas que el nuevo programa aportará al desarrollo empresarial en el sector que nos ocupa y nos invitó a seguirle a través del ordenador.
El programa era más de lo mismo así que a la hora ya me aburrí y deseé irme, cuando, de repente, un símbolo de sobre cerrado se encendió en mi pantalla y empezó a parpadear: ¡Tenía un e-mail! Lo abrí
- Hola, ¿aburrida? Éste no es tu sitio
Sorprendida e intrigada contesté
- Bastante
- Se podría solucionar
Una alarma interior se encendió, pero contesté
- ¿Quién eres?
-Alguien sentado frente a un ordenador
-¡Ya lo supongo!
Contesté ante la obviedad
- Sorprendido gratamente al ver una cara nueva
-Eso se lo dirás a todas…
Contesté con una frase hecha
- Que debe tener un cuerpo…
Me incorporé un poco y miré a mi alrededor pero todos parecían estar concentrados en su trabajo.
¿A dónde quería llegar con esos comentarios? Me intrigué tanto y me sentí tan segura delante de la pantalla del ordenador que me lancé a contestar:
-¿Un cuerpo cómo?
- Bien modelado en el gimnasio, de piel tersa y suave
-¿Y de mis pechos qué opinas?
Me sonrojé cuando envié este mensaje
-Por lo que la blusa cruzada me deja ver, adivino que redondos como manzanas
Un fuego me recorrió el cuerpo y empecé a sentirme húmeda.
-¿Y tú?
-¿Te gustaría saberlo?
Dudé pero al final asentí
-Ve a recepción y pide la llave de la 108
-¿No crees que vas demasiado rápido?
-No
Cierto temor me invadió pero me levanté y con la cabeza agachada por la vergüenza me dirigí a recepción donde me dieron la llave sin pedir documentación alguna. Subí y la abrí: era una habitación amplia, de estilo minimalista, con una cama grande, dos mesitas austeras, una butaca y una mesa en la que había una cubitera con una botella de cava, dos copas, un plato con fresas y una nota que decía:
“Ponte la ropa interior que hay en la caja, vístete y apaga la luz”
Encima de la cama había una caja, que no había visto al entrar, con un sujetador transparente, tanga, medias y liguero, todo de color negro.
Obedecí y para calmar los nervios me serví una copa de cava que acompañé con algunas fresas, que lo que hicieron fue excitarme más si cabe….Apagué la luz y al cabo de unos minutos oí cómo abrían la puerta y una figura masculina entraba en la habitación. Gracias a la tenue luz tamizada que se colaba por las cortinas pude apreciar que era alto y delgado.
- Buena chica
Se acercó, se sirvió una copa y brindó con la mía
Me besó la mejilla con delicadeza y una corriente me recorrió todo el cuerpo. Deseé que me abrazara y besara con fuerza pero me acarició la mano sin apenas tocarme. Se puso delante de mí, me sujetó los hombros y me besó en la frente y en los ojos…Me excitó tanto que me abalancé para besarle en los labios
-Tranquila, ve despacio.
Me quitó la chaqueta, desató el nudo de la blusa, quedando el sujetador a la vista, y me besó entre los pechos. Se puso detrás de mí y, mientras me besaba el cuello, me despojó de la blusa, me bajó la cremallera de la falda que cayó por su propio peso, dejando al descubierto mis nalgas a penas cubiertas por el tanga y el liguero y me cogió los pechos. Comenzó a moverse como si bailáramos permitiéndome sentir su pene erecto frotando mi culo. Intenté liberarlo pero me susurró
-Espera
Lentamente deslizó una de sus manos por mi cuerpo, acariciándome la cintura y el vientre, donde se quedó quieta. La cogí, la puse entre mis piernas, por encima del tanga y, sin soltarla, la moví….
Ya no podía más y con decisión me giré y le empujé para que se sentara en la butaca y antes de que pudiera decir algo, me abalancé, desaté el cinturón, desabroché el botón del pantalón y bajé la cremallera, quedando al descubierto un hermoso pene erecto.
-¡No llevas calzoncillos!
Sonrió y me llamó “picarona”
Me arrodillé y le lamí el glande como si de un helado se tratara, primero con cuidado y luego como si se estuviera derritiendo y no quisiera que nada se perdiera. Gimió de placer y me dejó hacer hasta que me levantó del suelo y me bajó el tanga dejando al descubierto mi sexo cubierto de pelo negro, puso sus manos en mis nalgas y las empujó acercándome a su boca caliente cuya lengua se abrió paso hasta el clítoris
-¡Qué bueno!- Dije
Como si lo conociera, lo lamió con tanta suavidad y certeza que no pude más y alcancé un orgasmo que convulsionó mi cuerpo con oleadas de placer…
Le abracé y aprovechó para desabrocharme el sujetador y retirándome un poco, lamerme los pezones erectos.
Sin apenas delicadeza le quité la chaqueta, la camisa y los pantalones y se rió al verse sólo con los calcetines: se los quitó, y me inclinó boca abajo sobre la cama quedando el cuerpo apoyado sobre el colchón y mi culo en el borde, a la altura de su pene, que metió, como si leyera mi mente, con fuerza en mi vagina. Empezó a dar embestidas cada vez más fuertes y placenteras
- ¿Te gusta picarona?
- No pares….Más fuerte
Me puse los dedos en el clítoris y aproveché el movimiento para acariciármelo y tener otro orgasmo. Le excitó tanto oírme gemir que cuando terminé retiró su pene para no eyacular
- Aún no
Me incorporé e inclinándome volví a lamerle el pene y los testículos, cogí su mano y la estiré para indicarle que se tumbara sobre la moqueta, restregué mi cuerpo desnudo sobre el suyo y, para apagar un poco su excitación, me levanté, serví dos copas de cava, le di una y mientras saciaba la sed, vacié la mía sobre su cuerpo bebiéndomelo a lametones sentada sobre él a horcajadas
Introduje el pene en mi vagina y cabalgué como si de una amazona profesional se tratara moviéndome a distintos ritmos para terminar como si estuviera en un gran premio de hípica y luchara por el primer premio.
- Ya no puedo mááásssss
Noté como su semen caliente me inundaba.
Nos abrazamos, me besó y me dormí.
Cuando desperté ya no estaba pero sí un “Gracias” escrito en la nota.
Nunca supe su nombre.
Cristina G. M.
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Certificado de Adecuación
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