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14 Oct, 2008 - 01:30
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Fantasias sexuales: Un polvo natural Era un fin de semana mas del mes de septiembre, como siempre Luis me había enredado a salir con sus amigos, esta vez era con Maria, su novia, y una amiga. A Maria la conocía de otras salidas, a su amiga era la primera vez que la veía. El lugar elegido era realmente fantástico, entre montañas altas, cerca de un río. La amiga de Maria llamaba la atención tenia un cuerpo realmente agradable, Media aproximadamente algo mas de metro y medio, cabellera larga y unos pechos realmente hermosos, llamaban la atención debajo del bikini. No se que pasaba que no podía evitar mirarlos, al final tuve que meterme en el agua, para evitar que se notara lo que debajo de mi bañador estaba empezando a pasar. Después del baño vino la cena, simple, con tierra y divertida como acostumbra a pasar en la montaña. Luis y Maria dijeron que se iban a pasear, y que al volver si no nos importaba compartir una tienda y dejarles la otra para ellos, naturalmente les dijimos que si, que no había problema. Una vez se fueron y nos quedamos solos llegó aquel momento en que no sabes que decir, ella decidió tomar el mando y comentó que realmente para la época que estábamos hacia mucho calor, un baño nos iría muy bien. El río bajaba un poco mas frío, casi era mejor, nos metimos de cabeza cruzamos la charca un par de veces, en una de las carreras, la parte superior de su bikini se desabrochó, quedando libres sus pechos, la escasa luz, las gotas de agua y sobre todo aquellas formas hacían del momento algo mágico, yo me quedé parado pensando que ella se avergonzaría, pero dijo que así era mejor, que se sentía menos oprimida. Esto realmente me dejó perplejo, nunca había conocido a una chica que pensara así. Entonces aprovechando una roca inclinada que entraba en el agua se estiro encima. Aquello me enloquecía, estaba boca arriba, curvando su cuerpo como si quisiera tocar las estrellas con aquellos senos que me enloquecían. El agua aunque agradable estaba algo fresca así que tuve que salir y me estire a su lado. Yo notaba que debajo del bañador la tensión iba creciendo, intentaba evitarlo, no quería que se notara, tal vez la molestaría. Ella comentaba que siempre había deseado estar así, estirada, mirando el cielo con aquellos puntos blanco parpadeantes, con los pies en el agua, mientras, yo boca abajo, mirando a todos los sitios menos donde estaba ella. Entonces ella pasó su mano por mi culo, mi cuerpo se tensó, y me obligó a mirarla, aquella imagen no la puedo olvidar, los reflejos, su pelo mojado, ..., era increíble. Se inclinó lentamente y me besó, yo ya estaba a cien, la vista me había metido en un sueño del que no habría querido despertar nunca, pero aquel beso en los labios, la entrada del sentido del tacto en el sueño fue el detonante de la situación, la abrace, primero con temor, luego con seguridad y finalmente con pasión, notaba su cuerpo como poco a poco se estiraba sobre el mío, como su cuerpo apretaba el mío como los vientres se juntaban y como se frotaban. Incorporó su cuerpo, mis manos se lanzaron sobre aquellos pechos que tanto había soñado con acariciar durante aquel día, Si a la vista eran imponentes, al tacto eran mejor, firmes, con unos pezones redondos perfectos y duros, de un color oscuro, ella arqueaba su cuerpo hacia atrás con lo cual aun resaltaban más, Estaba de rodillas sobre la roca, con mi cuerpo entre sus piernas, y sentada sobre mi pene, aprovechó un momento en que yo cerraba los ojos para incorporarse, y aún no entiendo como me quitó el bañador. Estaba ya mojado, la excitación que me provocó consiguió lo que nunca antes había pasado. No era la primera vez que me acostaba con una mujer, tampoco era un experto, tal vez 5 o 6 veces, pero nunca como aquella. Me sentía flotar, con un dedo jugaba con mi glande, con la otra mano con mis testículos, y yo notaba como el fluir continuaba, empezó a besarme mientras dejaba aquel masaje y sus besos fueron bajando por mi pecho, mi vientre, hasta llegar a besar y mordisquear mi pene, luego se lo metió en la boca y como si fuera un polo empezó a chuparlo y a jugar con su lengua. No pude más, lancé mi esperma con fuerza, alcanzándole en el pelo, rápidamente volvió a meterlo en su boca para chupar aquella fuerza que notaba que se me escapaba. Intente levantarme pero me lo impidió. Pensé, ya se ha acabado todo, pero de nuevo empezó con unos movimientos que no dejaron mi pene relajado. Era increíble, cada vez notaba que crecía y crecía más. Al empezar notaba como el bañador evitaba que pudiera lograr su tamaño, ahora era la piel la que parecía evitar que pudiera crecer un poco mas. Ella se puso en pie, sus pechos erguidos y acabados en aquella punta formada por sus pezones y su cara con aquella cabellera con el fondo de estrellas. Me incorporé lentamente, mi cara se acercó a su pubis, le bajé el bañador y me sumergí en aquel mar de pelo, noté la humedad, ella también estaba mojada, con la lengua busqué los labios y los separé, note como sus piernas se ponían rígidas cuando encontré su clítoris, lo comí con la lengua, mordí toda su entrepierna, hice entrar mis dedos entre su pliegues, ella suspiraba, gemía, se estiraba, yo me excitaba aún más con cada sonido suyo, finalmente se dejó caer al agua y yo fui tras ella, se abrazo a mi, con las piernas me cogía por la cintura, con los brazos la cabeza, con sus pechos mi pecho, con su sexo, el mío. Le introducía mi polla notaba como llegaba al final de su chochito, cada vez que apretaba ella se abría, como disfrutaba, yo no veía nada, eran los otros sentidos los que me impulsaban, su olor a piel húmeda, mojada, su tacto húmedo y caliente, intenso, su sabor, aquel sabor que me quedaba de cuando mi lengua había abierto al camino hacia su cielo, los gemidos, suspiros y gritos que emitía cada vez que entraba en ella. Nuevamente me corrí, fue una corrida dulce, intensa, de aquellas que sólo puedes imaginar. Volvimos a la orilla. Mi pene había perdido tensión, pensé que aquella noche estaba llegando al final. Fue un milagro, apenas había pasado un minuto desde la última corrida y ya notaba como empezaba a crecer, no se lo que hacía pero nuevamente me encontraba con fuerza. Ella se estiró a mi lado dándome la espalda, yo me coloqué detrás, puse aquel miembro duro, grande, como jamás lo había visto entre sus nalgas y pasé a acariciarle los pechos, primero lentamente, luego con mas intensidad, al final casi con violencia, ella gemía, movía su culo, me apretaba y yo notaba como subía nuevamente mi polla, cada vez mas arriba, cada vez mayor que el momento anterior, se giró sobre si misma, casi con violencia, y nos besamos, nos mordimos los labios, la lengua, la cara, sus manos apretaban mi cara contra la suya, mis manos apretaban su culo contra mi cuerpo, nuevamente la penetré, esta vez fui yo quien regulo el momento, gire para ponerla bajo mi, ella levantó sus caderas y enlazó sus piernas a mi espalda. Yo entraba y salía lentamente, ella me pedía que fuese mas rápido, gritaba, yo me paraba en el momento de máxima entrada, presionado el final de su vagina, y ella intentaba moverse bajo mi, sus ojos se abrían y se cerraban con fuerza, sus manos arañaban mi espalda para obligarme a moverme, al final inicie el movimiento, primero lento, luego mas rápido. Note como subía mi leche, antes de eyacular le hice cambiar de posición para poder disfrutar mas el momento, le hice ponerse de rodillas, y yo por detrás la penetré nuevamente, esta vez gritó, pero no un grito de dolor o de miedo, un grito de placer, fue mi locura, la penetraba cada vez más fuerte, empezábamos a sudar con fuerza. Entonces ella paró, sacó el pene de su cuerpo y me pidió que se lo metiera por el culo. Ella se frotó su entrepierna húmeda, mojada, empapada con una mano y luego pasó aquella mano por su culo. Nunca me había planteado la posibilidad de hacer el amor de aquella manera, pero en aquellos momentos no podía razonar, me preparé, apreté mi polla y poco a poco introducía mi falo en su cueva, Ella gemía, lloraba, gritaba y reía toda a la vez. Al final me corrí, estaba vació, sin fuerza. Quedamos extenuados uno junto al otro. Al despuntar el día la abracé con suavidad, notaba como a cada caricia temblaba, como sus músculos se tensaban a medida que mi mano pasaba sobre ellos, nos volvimos a meter en el agua e hicimos el amor, nos envolvimos el uno al otro y nos dejamos rodar por el agua, quedábamos sumergidos, otras veces en superficie, creo que fue el resumen de toda la noche, de punto a la realización de toda una noche de amor, placer y sexo. Hoy ya es sábado 15 de septiembre, hace 48 horas que no la veo, que no la siento, y ya la deseo de nuevo, voy a llamarla ahora, quiero verla, abrazarla, hacer el amor, estar con ella.
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